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Calidad del pulido

 

La calidad del pulido describe la calidad de la superficie de los componentes metálicos o recubiertos en los equipos de proceso. Se consigue mediante procesos de mecanizado, como el rectificado o el pulido, y se cuantifica con ayuda de parámetros de rugosidad (por ejemplo, Ra, Rz o Rq). La calidad del pulido influye en la fricción, la adherencia, la facilidad de limpieza y el comportamiento frente al desgaste de las superficies.

Ra = (1/L) ∫_0^L |z(x)| dx

  • Ra es la media de los absolutos de las desviaciones del perfil respecto a la línea central a lo largo del tramo de medición L.

Rq = sqrt( (1/L) ∫_0^L (z(x))^2 dx )

  • Rq es la raíz cuadrada del valor medio de las desviaciones cuadráticas del perfil (valor RMS).

Rz = (1/5) Σ_(i=1)^5 Rz_i

  • Profundidad media de rugosidad Rz (definición clásica de 5 secciones). Para ello, el tramo de medición se divide en cinco tramos individuales de igual longitud. En cada tramo parcial se determina la altura del perfil Rz_i como la distancia entre el pico más alto y el valle más profundo. Rz es la media aritmética de estos cinco valores.

En la ingeniería de procesos, la calidad de acabado de las superficies en contacto con el producto es importante y, por regla general, se indica en Ra. Las superficies lisas con baja rugosidad reducen la adherencia del producto, los espacios muertos y el riesgo de contaminación cruzada. Facilitan la limpieza, mejoran el vaciado de residuos y contribuyen al diseño higiénico de los aparatos, lo cual es especialmente importante en la industria alimentaria, farmacéutica y de la química fina.

Dependiendo de la abrasividad de los polvos, a menudo ocurre que los productos a granel pulen por sí mismos las superficies de los aparatos de proceso, con lo que determinadas partes de las superficies en contacto con el producto adquieren en parte un acabado liso como un espejo.